Morriña
vicentmarco noviembre 1st, 2008
Este sentimiento de añoranza melancólico que tan bien susurran por las mojadas tierras gallegas, nos ataca sin avisar y sin ánimo de ser fugaz, sino más bien con la cruda intención de permanecer una temporada, o dos.
Los campamentos veraniegos están llenos de imberbes criaturas que se dedican a llorar en medio de una montaña, de morriña, hasta que ven a sus padres, o logran volver con ellos. Curioso objetivo. Esos mismos padres recogen al vástago con el mismo sentimiento, morriña, en este caso de aquellos años en los que también ellos hacÃan rapel y tirolina, se perdÃan entre tiendas de campaña y daban sus primeros besos. Luego llevan al hijo a ver a los abuelos, quienes recuerdan apenados a causa del paso del tiempo, cuando sujetaban entre risas y sin temblor en las manos a sus propios hijos y no a los hijos de estos.
El trabajador recuerda con añoro sus dÃas de estudiante, y el jubilado sus dÃas de trabajador. La ejecutiva rememora sus dÃas de soltera tomándose un Martini los domingos soleados, en una terraza desde donde ver a sus hijos jugar al balón. Los vecinos recuerdan cuando el barrio era tranquilo, y los agricultores cuando el barrio eran doradas extensiones de trigo.
Y los especuladores añoran poder subir los precios a su antojo, los constructores recuerdan cuando bajaban las calidades para aumentar los beneficios, los concejales corruptos rememoran entre rejas lo fácil que era cobrar comisiones, y miles de familias echan de menos su vieja casa, esa que no les hacÃa que llegar fin de mes fuera una odisea.
Asà que ahora no sirve de nada el recuerdo, sino para hacer de él una experiencia futura, y evitar asà la tentación de volver a dejar la economÃa en manos de especuladores explotadores sin alma, y de avaros codiciosos sin ética.
¿Qué tiempo hará a estas horas en Kuala Lumpur?
El otro dÃa me sorprendió un ejercicio de desinformación, de manipulación y de tergiversación realizado por CQC.
Voy a empezar una serie de artÃculos-recomendaciones, porque como ya sabemos que nos espera un futuro negro, al menos vamos a llevar el presente de la mejor manera posible.

Recuerdo el Instituto de Torrevieja con sus aulas prefabricadas y sus clases repletas de gente. Y recuerdo que para protestar por el hecho de ser 600 alumnos en un Instituto pensado para 300, la manera que se les ocurrió a los rectores del instituto fue enviar latas de sardinas a la ConsellerÃa de Cultura… Una idea que habÃa tenido ya otro Instituto, y que según se decÃa, habÃan conseguido su objetivo gracias a colapsar con 20.000 latas, todo el correo de la ConsellerÃa. Con tal propósito se ubicó en cada aula un contenedor donde los estudiantes, nosotros, debÃamos traer latas de sardinas para ser enviadas.
Los obreros desaparecen en agosto (en las ciudades, no en los lugares turÃsticos donde el ruido puede molestar), asà como los montadores de cocinas, los fabricantes de sofás y un largo etcétera. Este mes no existe para mucha gente, y para los que si que existe, pues han de “entender” que es agosto, y resignarse. Curiosamente también desapareció mi último artÃculo… quiero pensar que fue por unas actualizaciones de servidor, pero es curioso que cuando critico a los chinos y a Bush, desaparezcan misteriosamente los posts.