Carta a los reyes magos
vicentmarco Diciembre 24th, 2009
Queridos reyes magos.
Este año quiero daros las gracias ya que el año pasado me regalasteis todo lo que os pedí. Mi compañero de trabajo ya usa jabón y creo incluso que pone lavadoras, y aunque ahora se ha vuelto un obseso del ruido y está todo el tiempo mandando callar a la gente, al menos ya no huele mal. A mi vecino también le concedisteis una relación sentimental, es un señor gordo y peludo que no saluda y grita como un oso, pero para gustos tapicerías… El problema es que también le disteis un perro, y aquí os extralimitasteis de vuestras funciones, entiendo que era por si fallaba el señor peludo, pero ahora he cambiado los ruidos de la tele por los de un perro y un oso.
Lo primero que voy a hacer es pedir para los demás. Enviadle un paquete de tiritas a Berlusconi y un kit de maquillaje de halloween, el hombre se está volviendo adicto a la sangre falsa. A los creadores del Facebook un libro de instrucciones para mejorar su mierda de chat. A los señores empresarios un poco de imaginación para salir de la crisis sin despedir a todo el mundo. Y por último a los pichadiscos o dj’s de discotecas y bares un poco más de criterio musical, sé que es mucho pedir, pero con dejar de escuchar a Baute tendría bastante.
En lo que a mí respecta este año he sido moderadamente bueno, o moderadamente malo, así que no puedo exigir mucho, y me limitaré a dos cosas. La primera es inspiración para volver a escribir en este blog que tengo abandonado, y la segunda es sitio para aparcar. Ya sé que con este regalo me arriesgo a que me enviéis al Sahara Occidental a aparcar todos los días, pero tened un poco más de imaginación y a ver si no me cuesta tanto aparcar.
Ps. No hace falta que me traigáis ropa, todavía tengo por estrenar el pantalón de pana verde del año pasado.
Atentamente.
Queridos reyes magos.
Con el cambio climático parece que el otoño es más corto, y que entre el calor y el frío sólo hay un par de camisas de entretiempo. Llega el invierno y desaparecen los bronceados naturales (los de mentira algunos los conservan), desaparecen los pantalones cortos, y las camisas escotadas. Pero contrariamente a lo que piensan algunas religiones, al esconder más carne no desaparece el deseo, y no desaparecen los problemas de pareja, los cuernos, los desengaños, ni las roturas.
Este sentimiento de añoranza melancólico que tan bien susurran por las mojadas tierras gallegas, nos ataca sin avisar y sin ánimo de ser fugaz, sino más bien con la cruda intención de permanecer una temporada, o dos.
¿Qué tiempo hará a estas horas en Kuala Lumpur?
El otro día me sorprendió un ejercicio de desinformación, de manipulación y de tergiversación realizado por CQC. 

Recuerdo el Instituto de Torrevieja con sus aulas prefabricadas y sus clases repletas de gente. Y recuerdo que para protestar por el hecho de ser 600 alumnos en un Instituto pensado para 300, la manera que se les ocurrió a los rectores del instituto fue enviar latas de sardinas a la Consellería de Cultura… Una idea que había tenido ya otro Instituto, y que según se decía, habían conseguido su objetivo gracias a colapsar con 20.000 latas, todo el correo de la Consellería. Con tal propósito se ubicó en cada aula un contenedor donde los estudiantes, nosotros, debíamos traer latas de sardinas para ser enviadas.