El Grito
vicentmarco junio 24th, 2008

En tu mente se confunden los vacíos,
Empieza la desorientación, no hay salida,
Tus manos se llenan de rabia,
Se agarrotan todos tus huesos,
Tus músculos se contraen,
Quedas inmóvil
Tus ojos se tintan de negro.
La sangre se agolpa en tu garganta,
Una fuerte bocanada detiene tu tiempo,
Tus venas revientan de ira,
Y los pulmones rebosantes, quiebran,
Se resignan a la ansiosa fuga,
Tus caninos se asoman, y…
Y la bola arranca, escapa rabiosa,
Amarga, del fondo oculto,
Y te pierdes en el descontrol,
Del alarido brutal, del torrente de desespero,
Que rasca mil cuerdas heridas,
Envuelve y ejerce silencio,
La bocanal descarga, la implacable huida,
Que muere en un eco agrio,
Y empieza a crecer,
En los miedos de otras mentes, silencio.

Últimamente me ha dado por nadar (sin guardar la ropa) para hacer un poco de deporte. Es curioso pero las piscinas públicas son un universo propio, con su propia fauna, su moda especial, y muchas características exclusivas que tienen sus incondicionales y detractores. Para empezar en la piscina la gente te mira como en un examen para azafata, especialmente en las piscinas donde hay gimnasio. Evalúan si vas depilado, tu tripita, el tipo de bañador que usas, y como vas de músculo. También se fijan mucho en la poca ropa que se lleva, es importante que el bañador no sea demasiado largo, que el gorro sea negro o que tenga alguna bandera, y nada de bikinis.