Separador de libros
vicentmarco April 29th, 2008
Imagínate por un momento que eres un separador de libros. Yo me imagino el que uso desde hace años, uno metálico y con una pestaña que se engancha en la parte superior de las hojas; pero cada uno que se imagine el suyo. Piensa por un momento que estás a punto de empezar un libro, pero que sólo puedes leer dos páginas cada noche, y nunca el final. Imagina que pasas cada 15 días de un libro a otro, y siempre con el mismo esquema de lectura, dos páginas diferentes cada vez. Hay noches que no lees nada nuevo, otras noches saltas 100 páginas de golpe, y otras te quedas esperando un nuevo destino en la soledad de la mesita.
Tu vida sería una vida de fragmentos incompletos, de historias a medio hacer, de personajes fugaces que pasan sin llegar a aportar nada nuevo en ti. Una vida entrecortada, incompleta, hecha de retales en diferentes estilos e idiomas. Como la vida de un peregrino constante, que viaja en tren de madrugada y llega a ciudades que desconoce, donde no sabe adonde ir, que hablar, que pensar. La vida de una persona a la que le vendan los ojos, le tapan los oídos, y le atan las manos; y sólo le dejan sentir una hora al día.
Una vida que acaba cuando te quedas enganchado en un libro olvidado en alguna estantería. O cuando te caes sin remedio en un vagón de cercanías, aplastado entre las masas y compartiendo tus últimas líneas con una colilla y un billete usado. Y para tu epitafio queda: “Una vida que empezaba cada día con una aventura diferente, pero que nunca pudo completar aventura alguna”.
El dinero y no el amor.
¿Sabías que el agua caduca? Pues yo también, pero me ha sorprendido que caduque tan pronto. En dos o tres años después de embotellada, y siempre según el embotellador, el agua de la botella ya está caducada, o ese eufemismo de consumir preferentemente, vamos ¡Que caduca antes el agua que el vino! (no, no sirve de excusa para llegar borracho a casa, lo he comprobado).
Llevo unos días callado, sin mucho que decir. Y no será porque no se puede hablar de los nombramientos ministeriales, de las revueltas tibetanas y el boicot a los juegos olímpicos, de las vacas locas, del nuevo disco de REM, de la situación del Valencia, de la ausencia de Lost, de los trasvases, de las elecciones en Italia… Pero no tengo ganas, me parece que me estoy resignando.
“Que curioso, yo llamo enfermedad a lo que tu llamas vicio”. Así me respondió el ex-jugador de waterpolo Pedro “Toto” García, cuando le pregunté como hacía para compaginar la actividad deportiva, con la vida nocturna y los vicios.