Tomohito

vicentmarco July 12th, 2007

Me llega esta noticia a través de Almela, gran levantinista, y no puedo hacer otra cosa que informaros:

El príncipe Tomohito de Mikasa, primo del emperador nipón Akihito, recibirá un tratamiento hospitalario de más de un mes para recuperarse de su dependencia del alcohol, informó hoy (22 de Junio) la agencia de la Casa Imperial japonesa.

Tomohito, de 61 años, tiene una salud extremadamente delicada y últimamente sufría serios problemas de insomnio y continuas dificultades para tragar alimentos, relacionadas con su dependencia del alcohol. (No atinaba a dar cucharazos a la sopa de lo cocido que estaba, pero no es culpa suya, son los dichosos palillos)

Con ese nombre es normal que estuviera todo el día dándole al ron, al sake, y al orujo de hierbas. Pero me apuesto los dedos chicos de la mano (como decían los Mojinos Escozios) a que la clínica donde ha ingresado no esta en Pamplona. Y no lo digo porque en Pamplona (me imagino con un polvorón en la boca) no haya buenas clínicas, seguro que las hay, con la de pacharán que se consume… Lo digo porque es imposible visitar Pamplona durante los sanfermines y no ver a 1.000.000 de personas borrachas en las calles, parques y barreras. Que digo yo que igual después de ver el espectáculo, en vez de entrarle ganas de levantar el codo, le da por condenar ese ritual de quemar neuronas sin medida, y se rehabilita.

El caso es que a ese ritmo pamplonés muchos necesitarán ir a la clínica de Tomohito en el futuro, y lo triste es que parece normal y socialmente aceptado, es más, parece necesario y obligatorio “Alcohol (…) hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. Y las autoridades en vez de frenarlo, ponen más urinarios, servicios de limpieza, y permiten beber en cualquier lado, y que la venta sea hasta cualquier hora. No seré yo quien no me beba un cubata, pero hacer de la bebida el motivo de una fiesta… Es demasiado.

4 Responses to “Tomohito”

  1. Lucindaon 13 Jul 2007 at 8:42 pm

    Bueno, es lo que tiene el alcohol, que ciega…

    A mí los San Fermines siempre me han parecido (y siento a quien le ofenda, lo digo a título personal) una fiesta pelín cutre y que toma la bebida como pretexto (amén de que es peligrosa y de que cabrear a toros no me parece algo divertido)… así acaban muchos en comas etílicos y las calles hechas un desastre, pero en fin, la cultura del vino es la cultura del vino…

  2. Aguson 17 Jul 2007 at 4:50 pm

    viva el vino!!!!!!!!!! diría aquel

    a toro pasado (nunca mejor dicho) no se si habéis visto la espeluznante foto que salió hace un par de días o tres en el diario Las Provincias de cómo el morlaco le empitonaba la pierna a un tíoque a buen seguro estaría borracho. La instantánea quita el hipo pues casi la totalidad del pitón está dentro de la pierna y la punta casi otra vez saliendo por la parte superior del peroné… es brutal!!!!!!!!!!!!! aunque ni con sustos como estos la gente aprende… hoy, por ejemplo, a un padre le han quitado el régimen de visitas a su hijo tras ser denunciado por su ex-mujer por llevar a correr a los San Fermines al hijo común de ambos que tenía tan sólo 10 años, y es que les hicieron una foto a los 2 en plena carrera cogiditos de la mano y ha salido en bastantes periódicos a nivel nacional… los hay borrachos y los hay tontachos también!

  3. Joanon 24 Jul 2007 at 9:13 pm

    Sobre el tema de la dependencia al alcohol me gustaría compartir con vosotros una experiencia que tuve en Bélgica hace unos años. Para mi el alcoholismo había sido siempre algo lejano. En mi familia nunca había habido borrachos, y los borrachos del pueblo no dejaban de ser personajes simpáticos, comparables a otros personajes típicos de los pueblos pequeños, como el tonto, el marica, etc. Todo eso cambió bruscamente durante mi estancia como Erasmus en Liège (Bélgica), en el año 1998. En aquella época yo era estudiante de Comunicación Audiovisual, y al irme de Erasmus me cogí unas cuantas asignaturas relacionadas con el cine y el teatro. En una de ellas, la que nos daba el profesor Jean Pierre Dardenne (sí, de los famosos hermanos Dardenne), teníamos que escribir un guión de un corto, buscar actores/actrices, localizar interiores/exteriores, rodar y montar. Es decir, controlábamos todo el proceso de principio a fin, lo cual te daba una idea muy real de cómo funciona esto del cine. De hecho, en esa asignatura aprendí más de cine que en todas las que nos dfieron en Valencia sobre el tema juntas. Pero a lo que íbamos. Resulta que se me ocurrió escribir una historia sobre la hija de un alcohólico que acababa viviendo con un chico alcoholico. Había en total tres papeles. La chica en cuestión fue interpretada por mi compañera de piso Luxemburguesa Nélia; el papel de su novio decidí hacerlo yo mismo; así que me faltaba el papel del padre alcohólico. Como tenía otras asignaturas de teatro, aproveché para fichar a Pierrot, un señor que había conocido en los talleres de expresión corporal de Monsieur Germay. Cuando le éxpliqué lo que quería exactamente de él, ya noté algo extraño en su mirada. Os resumo como era su personaje: alcohólico con un negro pasado, se casó muy joven con una chica ´de 17 años a la que dejó embarazada. Tras el nacimiento de su hija (Nélia….Alexandra en el corto), empieza a beber más y más. Empieza a tener problemas para trabajar normalmente (es mecánico en un taller), así mismo empieza a pegar a su joven mujer, y por fin acaba por levantarle la mano a Alexandra, su hija. A consecuencia de esto las dos mujeres huyen abandonándolo todavía más a la bebida. El corto es la historia del reencuentro entre la hija y el padre ya rehabilitado, aunque las heridas son tan profundas que Alexandra (Nélia) no podrá perdonarlo, aunque curiosamente continuará su relación sadomasoquística con su novio, que cada dia bebe más y más.

    Bien, ¿dónde está el misterio? os preguntareis. Pues os lo voy a contar. Justo el dia que terminamos el rodaje, nos fuimos todos a tomar unas cervezas a la rue Pierreuse. Allí Pierrot, mirándome fijo a los ojos, y curiosamente tomando una “lemonade” (mientras todos tomábamos la rica cerveza belga), me preguntó que por qué lo había elejido a él para el papel de padre ex-alcohólico de Alexandra. Yo me quedé un poco sorprendido, pero rápidamente le expliqué que tampoco conocía a tanta gente capaz de hacer un buen monólogo, o de llorar delante de cámara (eso fue increible, os lo juro…ni Marlon Brando). Entonces me contó lo que pasaba. Lo que pasaba es que él mismo había sido alcohólico en la vida real; también se casó muy joven por dejar a una chica embarazada, también tuvieron una niña, y también lo abandonaron y nunca más supo de ellas. Eso sí, me aclaró que él nunca le pegó ni a su mijer ni a su hija, aunque sí les hizo la vida imposible. Se notaba que la cicatriz no estaba cerrada, y yo de repente comprendí la sinceridad de su intyerpretación en el corto. Todo esto me hizo reflexionar mucho sobre el alcoholismo y sus consecuencias. Lo vi delante de mi, el destino me lo trajo de una forma muy curiosa delante de mis narices. A partir de aquella experiencia todo este tema me da mucho respeto, ya que os puedo asegurar que Pierrot no era mala persona, más bien todo lo contrario, aunque durante un tiempo, como él mismo me dijo, se convirtió en un demonio.

    En fin, no os doy más la vara. Simplemente, al hilo del tema planteado por Vicent, quería compartir con vosotros esta experiencia. Ahora que tengo tiempo…

    Abrazos!!

  4. Incensurableon 25 Jul 2007 at 5:42 pm

    Muy buena la história, a ver cuando te decides a montar tu blog, (o a llenar de contenido el que te monté) y nos deleitas con tus historias del mundo.
    Un abraç

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